- Córdoba, Argentina

Política externa con aciertos y economía doméstica sin aciertos

Opinión - Jueves 26 septiembre, 2019


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Este mes, Jorge Giraudo, el director general del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), advirtió que muchos tambos podrían volver a operar en las próximas semanas por debajo de sus costos de producción tras una nueva devaluación que tiene impacto negativo en un negocio con costos en dólares e ingresos en pesos.

 

El razonamiento de Giraudo es que excepto que la demanda de productos lácteos de una sorpresa en el corto plazo, algo improbable con un mercado interno deprimido y exportaciones complicadas por la escasa competitividad argentina en el comercio internacional, los tamberos entrarían nuevamente en zona de quebranto desde septiembre, cuando el encarecimiento de los costos producto de la devaluación se combine con la baja estacional de precios que genera el incremento primaveral de producción. Pese a que ya pasó más de un mes de la devaluación post PASO, que recortó el precio en dólares al productor al tiempo que le encareció considerablemente los costos, los indicadores de agosto aún fueron positivos para el sector. Al menos el precio de la materia prima se sostuvo en  $15,38 pesos por litro promedio. En dólares, cayó de 36 centavos por litro a 29 centavos. Así se corta una racha de rentabilidad positiva para los productores de leche que duró solamente seis meses, desde el comienzo de 2019 hasta agosto.

 

Por otro lado, la noticia de que Argentina podrá exportar harina de soja a China fue muy bien recibida por la industria aceitera local, aunque más por su valor simbólico que por los negocios que puedan habilitarse en lo inmediato.

 

Antes de esta habilitación anunciada a principios de septiembre, Argentina, que es el primer exportador mundial, no podía exportar a China, la principal consumidora. Para que China aceptara finalmente importar derivados de la soja y no solo el poroto se dieron distintos cambios internacionales, sumados a las negociaciones argentinas que empezaron con el pedido especial que había hecho Mauricio Macri en marzo de este año a Xi Jinping, junto a varios viajes que se hicieron con el ministro Etchevehere y también con el Senasa.

 

Esto implicó que, casi a tiempo récord de negociación, se firmara finalmente el protocolo de exportación de harina de soja. Argentina es el primer exportador mundial de harina de soja, porque tiene una capacidad instalada fenomenal de 67 millones de toneladas y una capacidad de producción de 55 millones de toneladas, con lo cual, podríamos seguir creciendo si hubiera más soja en el país. En la actualidad, el volumen de exportación de pellets de soja está cercano a los 45 millones de toneladas anuales.

 

Estas dos noticias, hablan de lo difícil que fue para el actual Gobierno entender y manejar la economía doméstica, y los logros positivos que se cosecharon en mercados externos mediante la colocación de productos agroindustriales, donde el complejo Agro es sin lugar a dudas el sector más competitivo que tiene nuestro país, pero también de una fuerte concentración, donde el derrame no llega a la mayoría de los ciudadanos, sobre todo en las grandes urbes.

 

En octubre elegiremos el nuevo Presidente, donde a priori, y según las últimas encuestas, Alberto Fernández estira la diferencia a casi 20 puntos sobre Mauricio Macri, quien intentará remontar la campaña haciendo 30 manifestaciones en 30 ciudades en 30 días, incluso tratando de que no se le vayan votantes hacia la tercera vía de Roberto Lavagna. Lo que no debemos perder de vista, es que también se define la nueva composición del Congreso nacional, que debe ser equilibrada, con representación de todas las fuerzas políticas, para que no vuelvan los tiempos de mayoría automática, donde se torna sumamente difícil el control de la administración estatal. Y tampoco deberemos perder de vista, que la bendita “grieta” no sirvió de nada, solo para hundirnos más como país, ante la mirada atónita del mundo.



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