- Córdoba, Argentina

Mayo revolucionario

Opinión - Lunes 30 mayo, 2016


martin-cabecera

 

Mayo es un mes revolucionario, y está dejando mucha tela para cortar.

 

El Congreso perdió tiempo en discutir la Ley Antidespidos que primero fue aprobada, sabiendo que iba a ser vetada por el Presidente Macri. Una vergüenza más de toda nuestra clase política, donde unos la quieren tener más larga que otros.

 

Esta actitud fálica y narcisista no distingue ideologías. Y también se da entre el sector privado y el público. Una muestra es la inesperada batalla dialéctica entre Monsanto y el Ministerio de Agroindustria, que tiene un final incierto, ya que la compañía estadounidense no escatima en amenazas, y Buryaile no retrocede un solo paso en la lucha por defender a los agricultores.

 

¿Monsanto estará pensando que estaba mejor con el kirchnerismo? Y eso que la última tecnología lanzada para soja la había bautizado Intacta RR2 “PRO”.

 

Por otro lado, el temporal climático de abril hundió a miles de productores de la región centro, pero favoreció a miles de productores que no fueron tan afectados por las lluvias históricas. Así de sangriento y dramático es el juego de la oferta y la demanda, donde el clima puede darte jaque mate. Por eso la soja explotó en la pizarra rosarina y varios analistas creen que en Chicago podría tocar los 450/500 dólares, por la reducción de la cosecha sudamericana y la menor intención de siembra de los farmers en EEUU.

 

La cosecha nacional del “yuyito” no alcanzará el récord de 62 Mill/tns, y caería unas 15 Mill/tns, sumando las 5 Mill/tns que por falta de calidad no servirán ni para dárselas a los chanchos. Eso supone unos $50 mil millones menos, teniendo en cuenta que el Gobierno perdería $15 mil millones en concepto de retenciones. La buena noticia es que la rentabilidad de los cultivos agrícolas mejoró entre un 58% y 150%, y la invernada ganadera un 120%.

 

Y la lechería está para el psiquiatra. A todos sus dramas, le suma la crisis de SanCor. El Gobierno le soltó la mano negándole financiamiento del Banco Nación, y prefiere que vaya a concurso de acreedores para intervenir la empresa y reemplazar el management. Es cierto que por la magnitud de sus pérdidas, la cooperativa necesita una reestructuración desde hace bastante tiempo para ser sustentable.

 

Más allá de los aciertos y errores, y los negocios con Venezuela durante la era K, la discusión pasa por definir qué modelo debería seguir SanCor: si continuar siendo una cooperativa en manos de productores asociados, reestructuración mediante en todos sus niveles;  o declararse en quiebra para ser malvendida a una multinacional alimenticia o a un grupo de capitales extranjeros. Prefiero la primera opción, aunque cueste sangre, sudor y lágrimas.

 

El modelo cooperativo no es la panacea, pero bien manejado, conlleva un derrame social y económico en todas las comunidades de la gran cuenca tambera que compartimos cordobeses y santafesinos. Tal vez sea tiempo de que los funcionarios porteños, antes de tomar una decisión fría y apresurada, se peguen una vueltita por nuestros pagos, para entender cuál es el modelo que sostiene al interior profundo, desde la época en que nuestros abuelos decidieron asociarse para salir adelante mirando el futuro.



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