- Córdoba, Argentina

Improvisación y desconocimiento

Opinión - Jueves 30 noviembre, 2017


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Noviembre fue un mes de muchas sorpresas inesperadas para el sector agropecuario y agroindustrial. Macri pudo darse un gusto personal. El dirigente y productor formoseño Ricardo Buryaile, proveniente de CRA, debió dejar la cartera de Agroindustria para ser reemplazado por Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural Argentina, la entidad que menos socios tiene y agrupa a los grandes estancieros de la provincia de Buenos Aires. Macri sabía de antemano que esta designación no iba a ser bien vista por gran parte del sector agropecuario y la sociedad, por eso tuvo que esperar casi dos años, respaldándose en los resultados positivos de las elecciones legislativas.

 

En los últimos días también dejó la secretaría de Valor Agregado, el cordobés Néstor Roulet, quien fuera presidente de Cartez. Lamentablemente, el Ministerio de Agroindustria sigue perdiendo visión federal y pluralidad de voces.

 

Mientras la cartera agropecuaria cambiaba de manos, el Ministerio de Energía a través del controvertido Juan José Aranguren (ex CEO de Shell), dispuso una rebaja del 21% en el precio del bioetanol de maíz y del 15% en el etanol de caña de azúcar, que compran las petroleras para mezclar con las naftas en el mercado interno.

 

Ante el encendido reclamo de Tucumán y Córdoba, se decidió dar marcha atrás con la medida, pero fijando en 10,5 % la reducción en el precio del etanol de maíz y del 7,5% para el etanol elaborado sobre la caña de azúcar. De esta forma el sector agroindustrial transferirá a las petroleras más de $2.000 millones anuales. Este menor precio interno del bioetanol no se traduce en una rebaja de la nafta para los consumidores, ya que ese dinero es un ahorro para las petroleras, que buscan reducir sus costos y aumentar ganancias. Incluso, al cierre de esta columna se esperaba un nuevo aumento del precio de los combustibles en los surtidores. Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) ya había estimado antes de este último incremento, una suba del 23% del precio del gasoil desde diciembre pasado hasta la fecha, por lo que el campo hará un gasto extra de $10.850 millones, de los cuales el 64% son impuestos (IVA, ingresos brutos, etc).

 

En este mes, el Gobierno también debió dar marcha atrás en un proyecto elaborado por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que implicaba subir el impuesto interno al 17% para espumantes y champaña, y al 10% en vinos y sidras. La vitivinicultura cuyana fue la primera economía regional que tuvo que reaccionar rápidamente, al ponerse en riesgo 385 mil empleos directos e indirectos.

 

Lo sucedido es fruto de la improvisación. Hay inconexión entre los diferentes ministerios, y algunos ministros tienen más poder que otros. Además, preocupa la falta de conocimiento de muchos funcionarios sobre las distintas economías que hacen girar al interior profundo. Dar marcha atrás una y otra vez, genera desconfianza, y dinamita lentamente la fuerte relación que el Gobierno había construido con el campo, su principal aliado.



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