- Córdoba, Argentina

Huérfanos de respeto y tolerancia

Opinión - Viernes 29 diciembre, 2017


martin-cabecera

 

Finalmente llegamos a fin de año. En cualquier país del mundo estarían disfrutando del espíritu navideño. Pero aquí, diciembre es sinónimo de caos. Está en nuestro ADN argento, y habrá que trabajar muy duro para poder cambiar eso.

 

El Gobierno nacional apoyándose en el triunfo de las elecciones legislativas, aceleró motores para que se aprueben las reformas previsional y tributaria. Y lo logró de forma democrática en el Congreso. ¿Era el momento ideal? Tal vez no. ¿Hacía falta más debate? Tal vez sí. ¿Se comunicaron bien las reformas? Definitivamente no. ¿Será beneficiosa para los jubilados? Lo veremos en 2018.

 

Nos pasamos horas hablando de dos malditas fórmulas aplicadas a los haberes de nuestros jubilados, un sector masivo en número, pero indefenso, sin lobby como las mineras extranjeras, y que no está organizado para defender sus derechos. Cada uno de nosotros esbozó una opinión distinta al otro, y esa jodida grieta social se ensanchó cada vez más. Las redes sociales fueron el primer caldo de cultivo.

 

Y luego se sumaron los violentos de siempre en las calles, extremistas de partidos y organizaciones de izquierda que rompieron todo a su paso, desatando una batalla campal con las fuerzas del orden, y no permitiendo que parte del pueblo pueda manifestarse en paz.

 

Y también los violentos aparecieron dentro del Congreso, ya que la tribu K intentó suspender varias veces las sesiones con distintos artilugios, mientras se abrazaban con algunos massistas (vaya a saber uno por qué), y Lilita –la madre de la República-les tiraba besitos en su clásico acting parlamentario.

 

Unos y otros se cobraron cuentas pendientes de forma vergonzosa, y varios mostraron la hilacha. Como los gobernadores que debieron agachar la cabeza y presionar a sus diputados para que votaran a favor del oficialismo, aunque no estuvieran tan de acuerdo.

 

Ni los peronistas podrán hablar más de justicia social invocando a Evita, ni los radicales podrán usar más la figuras de Alfonsín o Illia. Estamos viviendo un cambio de época, donde las ideologías están en crisis, y los políticos no son coherentes en pensamiento y acción.

 

Acto seguido, en el marco de la reforma tributaria, el oficialismo quiso imponerle el Impuesto a las Ganancias a cooperativas y mutuales, cuando por su naturaleza jurídica están exentas.

 

El mes anterior en esta columna, les mencioné el profundo desconocimiento que los funcionarios nacionales tienen del interior profundo. En gran medida fueron las cooperativas y las mutuales, las que acortaron la brecha del atraso, donde históricamente el Estado siempre estuvo ausente. El impacto social y económico hubiera generado un daño irreversible en cada una de las comunidades, dejándose de prestar servicios esenciales y subsidios en salud, capacitación, deporte y recreación, resintiendo las economías regionales. Esta vez no hizo falta “un voto no positivo”, ya que finalmente fueron derogados los artículos 23 y 24.

 

Este mes el ejemplo a seguir vino desde el otro lado de la cordillera. La centroderecha de Piñera le ganó en ballotage las elecciones presidenciales a la centroizquierda de Guillier. Ese mismo día el perdedor llamó al ganador para felicitarlo, y al día siguiente la Presidente Bachelet desayunó con Piñera, para ponerlo al tanto de todas las acciones de gobierno. Los chilenos nos mostraron cómo funciona una república madura, y cuál es la forma de convivencia entre los dirigentes políticos, más allá de que cada uno tenga su postura ideológica.

 

Ojalá ejercitemos esta tolerancia y respeto durante las fiestas, para poder cerrar el año con nuestros familiares y amigos. ¡Felices Fiestas!



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