- Córdoba, Argentina

El campo salva el fracaso de los gobiernos

Opinión - Jueves 27 diciembre, 2018


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El Gobierno nacional está cumpliendo tres años de gestión. Los números indican que en ese período la inflación fue del 160%, el dólar trepó 291%, el gas subió 3008%, la electricidad 2136%, el agua 515%, los combustibles subieron 204%, la pobreza trepó al 33%, la indigencia al 6%, hay más  de 100 mil empleos menos en industrias, y 9600 pymes menos.

 

En una conferencia reciente el economista villamariense Carlos Seggiaro mostró una placa que decía: “El modelo de país que quiere Mauricio es India. La Argentina tiene que ser un país de servicios. Vamos hacia un modelo agroexportador y de servicios. Basta de industrias” (Vice presidenta Gabriela Michetti, 10 de febrero de 2016). Y recordó que en octubre de este año, el presidente Mauricio Macri había sostenido que su gobierno está “resolviendo de a poco los problemas que se fueron acumulando durante 70 años”, dando a entender que anhela la Argentina previa a la crisis de 1930, en la que éramos el granero de la Europa de la posguerra, pero no exportábamos valor agregado ni impulsábamos la industria nacional. Entonces Seggiaro preguntó al auditorio: “¿El problema son las inconsistencias del modelo, o el problema es el modelo?”.

 

El combo de recesión, política de ajuste comandada por el FMI, inflación alta, y elevadas tasas de interés, nos demuestran que el problema es el modelo, donde en la pirámide social de ingresos familiares hay un 5% que gana $215 mil (ABC1), un 17% que gana $68 mil (C2), una clase media baja C3 (28%) que gana $35 mil, una clase baja superior D1 (33%) que gana $18 mil, y una clase baja D2 (17%) que llega a $8.400. No hay que ser un erudito para darse cuenta que el 78% de la población tiene los bolsillos de adorno.

 

Está más que claro que había que hacerse cargo de una pesada herencia kirchnerista, pero al déficit fiscal “el mejor equipo de los últimos 50 años” intentó acomodarlo con más emisión monetaria y cero gradualismo, para el atraso cambiario aplicó una mega devaluación, para el atraso tarifario un reajuste sin precedentes, y a los mercados regulados los desreguló.

 

Parafraseando la última columna del economista rosarino Salvador Distéfano, “la coyuntura política trajo consigo la posibilidad de reeditar el clásico político de los últimos años, Mauricio versus Cristina, casi un comic de los años 50, el bueno y el malo, cuando en verdad los dos son malos. Cristina nos trajo a esta crisis y Mauricio no supo cómo sacarnos de la crisis. En el escenario de polarización se perjudican los dos, sólo salimos de la trampa si aparece un tercero, o declinan sus postulaciones dándole la posibilidad a otro candidato de su mismo equipo”.

 

Más allá de la coyuntura política, el campo será otra vez quién deberá tirar del carro, y va en busca de una cosecha salvadora de 130 Mill/Tns, aunque le sigan poniendo piedras en el camino.

 

La presión fiscal sigue sin bajar, de cada 100 pesos de renta que genera una hectárea agrícola, $ 60,50 se lo llevan los distintos niveles de Gobierno. Las economías regionales siguen recibiendo cachetazos: Los derechos de exportación golpean a 500 pymes extrusoras de soja; las pymes lácteas perdieron competitividad externa por la devaluación y las retenciones, y se encuentran con un mercado interno deprimido; al igual que los tamberos los productores de huevos trabajan a pérdida desde la devaluación y sufren la primera contracción en la actividad desde 2003 pese a que el 97% de su producción circula internamente; y en el tercer trimestre de 2018 las ventas de maquinaria agrícola cayeron en promedio un 43,5% respecto del mismo período de 2017 por lo que muchas empresas nacionales están en proceso de crisis y con la cadena de pagos cortada.

 

Argentina necesita ordenar sus cuentas públicas para terminar con el flagelo de la inflación y la deuda pública, necesita alentar  inversiones y exportaciones que traigan los dólares que necesitamos. Por eso el año 2019 se presenta como una transición, y deberemos ponernos a pensar del 2020 en adelante. ¿Alguna vez seremos un país federal donde el sector agropecuario no tenga que sostener siempre a los gobiernos que pasan y fracasan?



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