- Córdoba, Argentina

Cambia, todo cambia

Opinión - Viernes 1 junio, 2018


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Mayo fue el mes de la Revolución, pero no para comenzar a organizarnos e independizarnos como en 1810. Este mes se revolucionó la economía, el dólar, la inflación, y volvimos con la cola entre las patas al FMI.

 

Con el dólar a $25 y subiendo, el campo es el mayor beneficiado dice la gente en la calle. Primero, definamos el campo, porque es muy heterógeneo y complejo.

 

Es verdad que la devaluación del peso mejora la rentabilidad de los grandes exportadores, y luego de los agricultores y algunas economías regionales, pero pone en rojo a los tamberos, y achica los márgenes de los productores de carne y de cerdo, ya que la alimentación representa más del 50% de los costos de producción en un establecimiento mixto. Según el modelo de costos del INTA publicado por Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA), en los últimos tres meses el tambo argentino dejó ser rentable.

 

El planchazo del precio de la leche ($6 / 6,10), en combinación con el factor climático que nos regaló la peor seca de los 50 años y luego 20 días con lluvias y alta humedad, más un fuerte incremento de los costos de producción, fue el cóctel perfecto para poner contra las cuerdas a los tamberos, fundamentalmente a los pequeños y medianos. Los tamberos cobran en pesos su producción, pero la mayoría de los insumos y el alquiler copian los movimientos del dólar y los precios internacionales de los commodities.

 

El costo para producir un litro de leche pasó de $6,27 en abril a $7,30 en mayo (dato del Gobierno), aunque los productores estiman que ronda los $8. Desde enero pasado a mayo el valor de la leche pagado al productor creció un 5%, ($5,70 a 6,10), pero el balanceado subió 37% ($3500 a 4800), el maíz un 45% (de 2900 a 4200), el expeller de soja y el alquiler un 47%, y la semilla de alfalfa, un 24%. Esto no es todo, ya que en el último año (abril17/abril18) el valor promedio del precio del litro de leche recibido por el productor se ajustó un 17%, mientras que el balanceado subió 92%, el maíz 56%, el expeller de soja y alquiler un 63%, el maíz 56%, y la alfalfa un 36%, y no mencionamos el gasoil, los fertilizantes, o la electricidad. Los productores dicen que las industrias podrían pagar hoy $7 el litro, por la capacidad de pago de la exportación.

 

¿Y el Gobierno? Bien, gracias. Asiste en silencio a las consecuencias que trae aparejado el manejo absoluto de la cadena láctea por parte del mercado, sin intervención del Estado.

 

Con un Gobierno ausente, los peces grandes se comen a los peces chicos, y el proceso de concentración sigue su rumbo.

 

Menos mal que todo esto no nos está pasando a nosotros y tendremos a fin de año una soja cerca de los $10.000, pensarán los agricultores. ¡Sorpresa! Mientras el presidente resiste la posibilidad de reimplantar las retenciones, y persiste en su promesa de bajar las retenciones a la soja; los miembros del equipo económico ven con buenos ojos poner retenciones del 10% al maíz y al trigo, y suspender la baja de retenciones a la soja, que quedaría con una tasa del 27,5%.

 

El superministro Dujovne quiere acrecentar los ingresos del Estado con el fin de bajar el déficit fiscal, y las subas de retenciones en trigo y maíz, le ayudaría al gobierno a bajar la inflación ya que descenderían los costos internos. Esto recién empieza, y por eso, el presidente de CRA, Dardo Chiesa, ya habría pedido una reunión de la devaluada Mesa de Enlace.

 

Este mes se presentó el libro de Humberto Volando, uno de esos dirigentes rurales fuera de serie, que pensaba que la reforma agraria era necesaria, “porque si no, con el tiempo el cambio se diluye y se restablecen las viejas estructuras del privilegio”.



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