- Córdoba, Argentina

Ahora hay que jugarse

Opinión - Miércoles 28 marzo, 2018


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La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) dio a conocer en Expoagro 2018, su nueva proyección de cosecha nacional, que redujo a unas 72 Mill/Tns en total para soja y maíz, unas 23 Mill/Tns menos que la campaña pasada.

 

En el caso de Córdoba, se prevé una caída del 30% en la producción de granos estivales, en relación a la campaña 2016/17. En soja, se estiman unas 10 millones de toneladas, casi siete millones por debajo de las 17 millones del año pasado. En maíz, la previsión es de casi 12 millones, 3 millones menos que en el ejercicio anterior. Es decir, la cosecha gruesa total de Córdoba llegaría a unas 22 millones de toneladas, cuando en 2017 fueron 31,7 millones.

Los rendimientos promedio se desmoronan mes a mes en la región central. La soja apenas llegaría a 22 quintales por hectárea, 10 quintales menos que en la campaña 2016/17, mientras que el maíz llegaría a 60 quintales, 26 menos que el ciclo pasado. En Córdoba los primeros lotes de soja están rindiendo un 50% menos que al año pasado.

 

Nos enfrentamos a un panorama complejo, con bajos rindes y precios a la baja del poroto, aunque el Gobierno nacional parece o no quiere darse cuenta de la situación extrema. La caída de 20 millones de toneladas de granos provoca la pérdida de 700 mil fletes en camión hacia los puertos. Con el actual nivel de retenciones a la soja (28,5%), un productor agrícola que sólo obtiene 20 qq/Ha estaría resignando más de 200 dólares por hectárea en concepto de retenciones. Esa productividad no le alcanza para cubrir los costos de la campaña (alquiler, insumos, servicios varios, empleados, más impuestos), o sea que el Estado es nuevamente un socio que se está llevando ganancias sin poner un solo peso. Lo dije en esta columna una decena de veces durante el Kirchnerismo, y lo repito ahora. El campo sigue siendo la cajita feliz de dónde todos manotean. Este mes se cumplieron 10 años de la 125, cuando el campo unido le torció el brazo al Gobierno de CFK. Hoy no veo a las entidades agropecuarias pelear fuertemente por los derechos de los productores, por la baja de impuestos, por la eliminación más rápida de las retenciones a la soja, por los créditos blandos que no llegan, por la mejora en el precio pagado a los tamberos y a los chacareros de las diferentes economías regionales.

 

En medio de una seca que parece ser la más importante de los últimos 40 años, el climatólogo Eduardo Sierra dijo que tal vez hay que prepararse para “varios años secos”.

 

La ganadería también está sufriendo la falta de reservas forrajeras en dos tercios del país, y sufre el aumento del costo de la alimentación un 20%, principalmente por la suba del maíz (30%) a raíz de la menor producción. El invierno y las primeras heladas están a la vista, y miles de productores deberán aliviar la carga, desprendiéndose de una parte considerable del stock. Muchos animales morirán, y ojalá que no sean cientos los productores que queden afuera del sistema.

 

En estos meses veremos si el Gobierno tiene la muñeca necesaria, para estar al lado del sector que más lo apoyó en las elecciones presidenciales y de medio término. También veremos si los diputados y senadores que representan al interior ponen sus barbas en remojo en el Congreso. Y también veremos si los dirigentes rurales están a la altura de las circunstancias, o se quedaron mirando con nostalgia la foto victoriosa de hace una década atrás.



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