- Córdoba, Argentina

CRISTINA DI FILIPPO - VANINA MIZZAU

Las almas femeninas del Grupo Agroempresa Argentina

Entre Mujeres - Miércoles 24 febrero, 2016


las mizzau

 

Cristina Di Filippo tiene 57 años, nació en Colonia Caroya, conoció a Miguel Mizzau hace 41 años, ella tenía 18 y él 19, y desde entonces están juntos. 

 

Codo a codo

 

Cristina y Miguel se casaron luego de casi dos años de noviazgo, como él estaba estudiando veterinaria en Río Cuarto vivieron allí hasta que se recibió. Entre  los dos tenían una colchonería y en esos cuatro años y medio que duró su estadía en la imperio del sur cordobés, nacieron sus dos hijos mayores, Fernando y Vanina, y luego regresaron para instalarse en Jesús María. En ese momento, el flamante profesional abrió su veterinaria. Al poco tiempo nació su tercer hijo, Marcos, y Cristina tuvo que dejar de trabajar durante un año y medio. Pasado ese período se reincorporó al comercio familiar donde trabaja hasta la actualidad.

 

Cristina, ¿cómo administrabas tus tiempos entre el trabajo, la familia, la casa?

 

Cuando mis hijos estaban en la escuela yo trabaja medio día en la veterinaria, y cuando el más chico empezó la secundaria retomé mi jornada laboral completa hasta hoy.  Con Miguel empezamos de cero. Agroempresa comenzó en 1983 como veterinaria, en 1987 se trasladó al predio que ocupa hoy sobre Ruta 9. En 1989 además de la veterinaria comenzamos a vender algo de agroquímicos, semillas. Al principio yo hacía todas las tareas:  administración, compras, ventas y luego me quedé más en las tareas administrativas. Estaba medio día en el comercio y medio día en el hogar, haciendo todas las cosas de la casa y ocupándome de los chicos. Mis hijos fueron criados con pañales de tela, no había lavarropas automático, yo cosía, tejía.

 

¿Cómo es trabajar con tu marido?

 

(Risas) Hay que acostumbrarse. La verdad es que son muchos años y nos hicimos desde chicos juntos, con sólo mirarlo ya sé cómo está y cómo debo manejarme, para mí es muy simple.

 

¿Tu condición de mujer fue una limitante en tu ámbito laboral?

 

No. Sólo que algunos clientes grandes preferían tratar con Miguel, especialmente a la hora de cerrar un negocio.

 

¿Cómo funcionaban a la hora de tomar decisiones?

 

Los roles estaban bien definidos, yo siempre me encargué de lo administrativo,  muchas veces ni me enteraba de las decisiones que tomaba mi marido.

 

¿Te hubiera gustado tener algún otro proyecto propio para tu vida?

 

No, lo que pude hacer lo hice, lo que me tocó me tocó y no me arrepiento de nada. A veces se pierde, a veces se gana, en el camino siempre quedan cosas que no se pudieron disfrutar pero hay que seguir para adelante.

 

A menudo los hijos, se nos parecen

 

Vanina Mizzau tiene 32 años,  casada, dos hijas (7 y 5 años), estudió Gestión Turística en Córdoba y actualmente gerencia las áreas de Marketing y Recursos Humanos del Grupo Agroempresa.

 

¿Cómo fueron tus inicios en la empresa?

 

Fue por un pedido de mi papá. Yo estaba terminando mis estudios en Córdoba y me dijo que quería a alguien de confianza. En un primer momento no entendía para qué había hecho mi carrera si al final tenía que trabajar en la empresa familiar, hasta que la vida te va presentando cosas que te hacen madurar,  mi cabeza hizo un clic y dije esto es mío y lo tengo que cuidar.

 

Las primeras semanas fui cadete, luego estuve en la administración en Acopio, sin conocer un poroto de soja, y con el miedo de no saber si iba a poder hacerlo y el tiempo me fue demostrando que nada es imposible. Siempre mis búsquedas de personal se centran en la calidad de las personas y en su actitud, porque si yo pude aprender y llegar a concretar grandes negocios en áreas totalmente desconocidas para mí, creo que cualquier puede aprender. Hoy me siento muy contenta con el área que elegí.

 

Digamos que, de alguna manera, al igual que tu madre, a vos también te tocó trabajar en la empresa familiar…

 

Sí, tal cual. Creo que una de las características que tenemos las dos es adaptarnos a lo que venga y tomarlo de la mejor manera, siempre siendo positivas y buscando la parte buena de todo. Los primeros días que empecé a trabajar no entendía nada, me quería ir a mi casa y hoy amo mi trabajo y cualquier dificultad que se presente es un motor para generar nuevas cosas. Soy una constante aprendiz y me voy a morir aprendiendo, aprendo de mis viejos, de lo que está bien, de lo que está mal. No es fácil ingresar a una empresa desarrollada y no saber por dónde empezar. Mis hermanos y yo pasamos por el mismo proceso hasta que cada uno encontró su lugar.

 

Cristina: Eso es la vida, un constante aprendizaje,  te vas a equivocar cien veces y cien veces te vas a levantar.

 

Vanina, al igual que su madre, también conoció a su marido de muy chica, con 16 años recién cumplidos. Y como la mayoría de las mujeres que trabajan afuera, son varias las tareas que hay que cumplir…

 

La verdad es que a diferencia de mi mamá yo tengo otra realidad, muchas más posibilidades que ella cuando tuvo que ser madre. Al principio, mis dos hijas estuvieron conmigo un par de meses en la practicuna hasta que conseguí a una persona que las cuidara.

 

¿Experimentaron el sentimiento de culpa por tener que dejar a sus niños para ir a trabajar?

 

Vanina: (Con lágrimas en los ojos) Sí, al principio fue muy complicado, se me desgarraba el corazón. Y al mismo tiempo yo en mi trabajo me sentía una empleada más y por tanto me parecía injusto que me llevara a mis hijas porque entonces el resto de las empleadas también tenían el mismo derecho. Hoy gracias a Dios tengo a Lorena todo el día en mi casa que es mi gran ayuda.

 

Cristina: Yo al respecto tuve una ventaja, cuando vivimos en Río Cuarto teníamos la casa al lado del local. Se complicó cuando vinimos a Jesús María porque ya tenía mi segunda hija y era muy chiquita, y mientras amamanté me la llevé siempre conmigo pero cuesta, siempre cuesta. Después también viene la etapa en que los hijos se van a estudiar a la facultad y la casa va quedando sola. Son etapas de la vida que hay que ir superando y aunque estés destrozada hay que seguir adelante.

 

La empresa familiar

 

Miguel Mizzau hoy es accionista,  presidente de la empresa y “coach” de sus hijos, mientras que Cristina tiene a su cargo la cabaña Los Socavones dónde desarrollan la raza Braford en la Est. “Las Corzuelas” (Quilino).

 

“La idea fue que saliera de la empresa y se viniera al edificio donde funciona la administración de la cabaña para que estuviera más tranquila pero si bien está acá, no logramos sacarla del todo de allá (risas), está atrás de todo como siempre”, afirma Vanina. Fernando (36) es gerente de las dos empresas de maquinarias, y Marcos (30) hace siete años que está en la empresa y tiene a su cargo el área de Comercio Exterior.

 

¿Las cuestiones de la empresa quedan en la empresa o se trasladan al seno familiar?

 

Vanina: Los domingos cuando nos juntamos, si hay algún tema candente seguro que surge pero nunca nada afectó la vida familiar. Yo puedo irme de la empresa enojada con mi viejo y después viene a comer un asado a mi casa y está todo bien.

 

¿Cuáles piensan que son sus mejores aportes desde su condición femenina en la empresa?

 

Vanina: Creo que tiene que ver con las características de una madre, que es aplicable tanto en la casa como en la empresa: el cuidado, la protección, el ser conciliadora, mayor tranquilidad a la hora de resolver algún problema.

 

¿Cuál es tu objetivo dentro de la empresa?

 

Profesionalizarme para ser una buena directiva a través de la experiencia y la capacitación, pensando en la perdurabilidad de la empresa.

 

Vanina, ¿tenés alguna mujer referente en tu vida?

 

Mi vieja es un pilar muy fuerte. Es una luchadora, una compañera incondicional.

 

Cristina, ¿cuál es el mejor legado que les podés dejar a tus hijos?

 

Que sean unidos en la familia, que cuiden su núcleo familiar. Siento un gran orgullo por mis tres hijos, creo que todo lo pasamos con el padre, quedó en cada uno de ellos.



Tags: , ,