- Córdoba, Argentina

CRONISTA

Sequía en San Pablo empeora problemas de Brasil

Actualidad - Jueves 12 febrero, 2015


sequia san pablo

 

Además de la región paulista, la sequía afecta a los estados del sur y del centro del país. Brasil depende de la energía hidráulica para generar el 70% de su electricidad.

 

Con la economía brasileña en caída, a pocas compañías en San Pablo les está yendo excelentemente. Sin embargo, el operador de camiones cisterna Gota de Cristal Água Potável no da abasto con los pedidos que recibe, gracias a la peor sequía de la historia que golpea a la metrópolis más grande de Sudamérica.

 

“Estamos trabajando sin parar”, contó el chofer de Gota de Cristal Emerson Prado, cuyo camión de transporte de agua abastece a un lavadero de ropa cercano a Vila Sônia en el oeste de San Pablo. “Como van las cosas, el agua se va a terminar por completo”, agregó. También contó que la compañía extrae el agua de sus propios pozos.

 

El pronóstico apocalíptico de Prado no es improbable. Con una población superior a 20 millones en la región metropolitana, partes de San Pablo –que es la usina económica de Brasil– se están quedando sin agua.

 

Los problemas de San Pablo son parte de un sequía más general que afecta a los estados del sur y del centro del país y que está secando los diques de energía hidráulica. En un país que depende de la energía hidráulica para generar el 70% de su electricidad, esto amenaza con crear un problema aún mayor para la economía brasileña: el racionamiento energético.

 

Si bien la escasez de agua en San Pablo es un dolor de cabeza para el poderoso gobierno Geraldo Alckmin del partido de la oposición PSDB, el racionamiento de la energía golpearía al gobierno federal de la presidenta Dilma Rousseff y su Partido de los Trabajadores, de orientación izquierdista.

 

“Si seguimos con estos niveles bajos de agua en los reservorios, será realmente difícil evitar un racionamiento en Brasil”, aseguró Mauro Storino, director de Fitch Ratings.

 

El sistema de reservorios en San Pablo más afectado es Cantareira. Ubicado en las colinas cerca del aeropuerto internacional de la ciudad, abastece a 2,6 millones de personas en el centro y los alrededores de la metrópolis. Pero está operando a sólo 6,1% de su capacidad, incluyendo reservas que usualmente no se utilizan.

 

Las malas temporadas de lluvia, que en general se extienden desde noviembre hasta abril, provocaron en los últimos dos años que el flujo de agua que ingresó a Cantareira en enero estuviera en un nivel equivalente a menos de una sexta parte del promedio histórico. Vicente Andreu Guillo, presidente de ANA, el ente regulador nacional de agua del gobierno, escribió en un artículo en el sitio web del organismo: “Cantareira sigue operando porque se esperan abundantes lluvias”. Y agregó que los esfuerzos para economizar agua hasta ahora han sido inadecuados “frente a una sequía que sigue sorprendiendo”.

 

José Carlos Mierzwa, profesor adjunto de la Universidad de San Pablo, aseguró que a menos que caiga abundante agua durante la segunda parte de la temporada de lluvia, será inevitable un severo racionamiento.

 

Aseguró que si bien el crecimiento de la población de San Pablo ha disminuido, el avance de la nueva clase media implica un mayor consumo de agua.

 

Para satisfacer esta demanda, la ciudad está importando agua a través de túneles subterráneos desde regiones muy alejadas. Pero si bien es importante encontrar nuevas fuentes, la ciudad está perdiendo oportunidades de reciclar el actual suministro de agua. San Pablo trató sólo el 30% de sus aguas servidas, convirtiendo sus ríos en sumideros abiertos que, a su vez, limitaron el agua disponible para las regiones río abajo. “Esta contaminación abarca una distancia cercana a 100 kilómetros”, dijo el profesor Mierzwa.

 

Más preocupante para las autoridades es que la sequía provocará una crisis energética. En el corazón económico del sudeste y centro de Brasil, los principales reservorios para energía hidráulica están en sólo 17% de su capacidad.

 

La última sequía en Brasil durante 2001 derivó en un racionamiento de energía y ayudó a poner fin al gobierno del partido de centro PSDB. Desde entonces, el gobierno duplicó la participación de las centrales térmicas en la generación energética para compensar cualquier falta de hidroelectricidad durante las sequías.

 

Un racionamiento sería un desastre para la presidenta Rousseff. “Esperamos un crecimiento negativo del PBI en 2015″, escribió Ilan Goldfajn, economista en Itaú-Unibanco, en un informe de investigación.

 

Fuente: cronista.com



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